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1,90 dólares

Por Naiara Nájera Etxeandia.
Alumna del grado de Derecho y Comunicación de la Universidad de Deusto. Campus de San Sebastián.


La pandemia ha traído muchas dificultades para muchas familias. Según Naciones Unidas, aunque la cantidad de personas que viven en extrema pobreza haya disminuido del 36% de 1990 a un 10% en 2015, la pandemia está poniendo en riesgo esta reducción al poderse incrementar el número de personas que viven en dicha situación en 500 millones de personas, es decir, alrededor del 8% de la población mundial puede caer en la pobreza extrema a causa de la situación derivada de la Covid19.

Por el momento, 700 millones de personas o el 10% de la población mundial vive en tales condiciones, la cual afecta sobre todo a las zonas rurales. En términos globales también, uno de cada cinco niños vive en situación de extrema pobreza. En África subsahariana, por ejemplo, la mayoría de las personas viven con menos de 1,90 dólares al día.

La pandemia ha evidenciado las lacras actuales y las ha expandido perjudicando a más personas. Ante estos hechos, cualquiera podría pensar que esta situación nos ha ayudado a empatizar con aquellos que ya estaban mal; con aquellos que no han necesitado una pandemia para no poder vivir bien. Desgraciadamente, aquel discurso de que ¨quien es pobre es porque quiere¨ se mantiene, y mientras vamos saliendo de la pandemia, cada vez volvemos más a esos discursos sin empatía e individualistas.

Pensar que cada uno tiene lo que ha sembrado es totalmente injusto. Pensar que las dificultades de los demás no son nuestro problema tampoco es justo. ¿Acaso todos nacemos en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades? ¿Es comparable la vida de todas las personas? ¿Realmente hay personas no se esfuerzan por salir adelante o es que la vida les ha puesto muchas más vallas para saltar que a otras personas? Y sobre todo, ¿de verdad que nos tienen que dar igual los problemas de los demás?.

Es indispensable que empaticemos con cada persona y su contexto. Tu suerte no es la misma que la del resto, cada uno se enfrenta a distintos obstáculos, y hay personas que necesitan la ayuda de la sociedad para salir del hoyo que, sin elegir ellos, han acabado cayendo.

Contextualizar, empatizar, actuar. Esa es la clave para crear una comunidad que aboga por el bienestar de todas las personas, una comunidad que no piensa que quien sufre es porque quiere o porque no se esfuerza lo suficiente, una comunidad que sabe que hay que ayudar porque la vida no es igual de generosa con todos, una comunidad que sabe que en cualquier momento uno también puede acabar necesitando ayuda de los demás. En definitiva, necesitamos construir una comunidad preocupada por el prójimo.

Naciones Unidas tuvo claro que había que erradicar la pobreza en 2015. Tan claro que resulta ser el primer objetivo de la Agenda 2030. En dicho objetivo indican que debemos trabajar juntos en erradicar la extrema pobreza para 2030; debemos poner en práctica a nivel nacional sistemas y medidas apropiadas de protección social para todos y, para 2030, lograr una amplia cobertura de los pobres y los más vulnerados; también, entre otras muchas cosas, debemos garantizar que todas las personas tengan los mismos derechos a los recursos económicos, así como acceso a los servicios básicos, la propiedad y el control de las tierras y otros bienes, la herencia, los recursos naturales, las nuevas tecnologías y los servicios económicos, incluida la microfinanciación.

Naiara Nájera Etxeandia.
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Imagen: United Nations University (UNU)

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