Aprendiendo a vivir y convivir

Desde bien pequeños se incide en la importancia de la escuela para el desarrollo personal de cada uno de los estudiantes que puede asistir a estas. Así, crecer y educarse en un centro educativo sano dotará a las personas de una salud y bienestar imprescindibles. Sin embargo, la convivencia escolar puede verse afectada por los problemas sociales que existan en el entorno, condicionando el desarrollo personal y poniendo en jaque el crecimiento tanto educativo como psicológico. En este sentido, iniciativas como Bizikasi resultan ejemplares en la protección del entorno educativo.

Programas de esta índole tienen como objetivo principal crear espacios seguros de convivencia positiva. Actuando contra las situaciones de acoso a través de una política de tolerancia cero, las escuelas han pasado de ser simples centros educativos a convertirse en lugares de encuentro en los que los diferentes agentes educativos se forman y aprenden sobre el acoso escolar.

Para conocer más en profundidad la iniciativa, durante las próximas líneas presentaremos la entrevista realizada a la jefa de estudios de la escuela de Zelaieta en Abadiño, Teresa Toledo Bueno.

La escuela de Zelaieta, ubicada en el municipio vizcaíno de Abadiño, cuenta a día de hoy con algo más de trescientos cincuenta alumnos y alumnas. Desde que empiezan su proceso de escolarización en el aula de dos años los alumnos y alumnas de este centro educativo serán acompañados por la comunidad educativa en un proceso no solo de formación académica sino de desarrollo de personas críticas y activas.

Formando parte del entramado de escuelas que componen el Sistema Amara Berri, Teresa dice lo siguiente sobre cuál es el objetivo principal de esta escuela: “Queremos ofrecer a nuestros alumnos la oportunidad de desarrollarse y formarse de una forma global y armónica. Teniendo conceptos como la diversidad y el respeto al otro en mente, nuestro principal objetivo es desarrollar personas”. Está filosofía va de la mano con el objetivo principal de Bizikasi: empoderar al alumnado para convertirlo en el regulador y transformar de aquellos comportamientos contrarios a la convivencia, siendo así los y las protagonistas en la restauración de las relaciones dañadas.

Habiendo pasado ya algo más de 7 años desde la presentación de la Iniciativa, Teresa define el ambiente de la escuela como saludable. Aquí destaca el papel de dos agentes principalmente. Por un lado, el profesorado, sumergido en un constante proceso de aprendizaje en relación a iniciativas de este, la labor de transmisión y concienciación llevada a cabo ha sido determinante en los años de vida de Bizikasi. Por otro lado, y en ocasiones algo más a la sombra, destaca el papel jugado por el propio alumnado. A través no solo de la formación en convivencia sino de la propia intervención de los alumnos y alumnas, Zelaieta parece ir en el camino indicado hacia una atmósfera positiva de convivencia.

Fue la segunda parte de esta respuesta la que más me llamó la atención al realizar la entrevista. Un centro educativo donde los alumnos crecen desde los 2 a los 12 años ha encontrado en los mismos alumnos y alumnas el motor para impulsar estos avances. Pero ¿cómo ha sido esto posible? Teresa lo tiene claro: “La redacción del Plan de Convivencia que el centró desarrolló en su día ha sido determinante. A través de foros como ‘elkarbizitza behatokia’ y ‘elkarbizitza batzordea’ se busca encontrar puntos de encuentro, reflexión y participación”. El objetivo estaba claro: desarrollar una escuela acorde a los deseos de la propia comunidad educativa.

En este camino, diferentes miembros del profesorado categorizan como un punto de inflexión la creación de la iniciativa Bizikasi. “A través de esta iniciativa aprendimos a detectar situaciones de acoso escolar en el marco de un modelo restaurador y que nos facilitara a la hora de dar pasos en la construcción de una convivencia positiva”. Gracias a proyectos especialmente orientados a dicha concienciación, como bien puede ser BAT (Bullying Aren aurkako taldea), se busca no solo gestionar las posibles situaciones de acoso, sino también tener una labor formativa con todos los estamentos de la organización educativa. A través del lema cero tolerancia al mal trato y las malas relaciones, el objetivo final parece estar más cerca: cero tolerancia a las situaciones de acoso.

En todas estas afirmaciones Teresa se mostraba especialmente orgullosa de la labor desempeñada por su alumnado. Por ejemplo, destacaba aquí el éxito a la hora de concienciar entre el alumnado la diferencia entre ser un chivato y ser solidario. “¿A quién no le han llamado chivato por decirle a un profesor algo mal hecho por un compañero? Durante estos años hemos observado cómo nuestros niños y niñas denuncian las posibles situaciones de acoso, sabiendo cuándo actuar si son no solo víctimas sino también testigos de estas actuaciones”. Y la verdad es que logros como estos parecen mostrar la dinámica positiva que rodea a la escuela.

Sin embargo, no todo es tan fácil en este proceso. “A pesar de todo lo que hemos aprendido, detectar el acoso sigue siendo muy difícil”. Definido por Teresa como un proceso sibilino, difícil de ver a primera vista y que en muchas ocasiones no tiene lugar ni frente a sus ojos, Teresa insiste en la importancia de seguir formándose. “Cuanto más formados estemos, más herramientas tendremos para hacer frente a ello. No podemos permitirnos apartar el foco del acoso y mirar a otro lado. Tenemos que seguir trabajando y sensibilizando para poder combatirlo de la mejor manera posible”.

En definitiva, la clave está clara: trabajar y educar a la vez que se sensibiliza al alumnado. En todo este desarrollo, Teresa destacaba en último lugar la importancia del bienestar emocional. “A la hora de trabajar es importante hablar de nuestra constitución como seres humanos. No solo conocerse a uno mismo y relacionarse consigo, sino ser capaz de hacerlo con los demás en el entorno de manera positiva”. A través de la educación emocional, Teresa incidía en su labor más allá del ámbito educativo. “Tratamos de ser una escuela que va más allá de la transmisión de conocimientos. Potenciando el desarrollo emocional somos capaces de complementar el desarrollo cognitivo de nuestros alumnos y alumnas”.

Siguiendo con lo establecido en la propia iniciativa, la convivencia ha de convertirse en una condición indispensable para convertir a los centros educativos en espacios seguros. No erradicando el conflicto sino entendiéndolo como inevitable, Teresa concluía, “hemos aprendido a usarlo como oportunidad de crecimiento personal. En un ambiente cargado de problemas sin resolver o situaciones disruptivas, se obstaculiza la dinámica escolar en todos sus ámbitos”.

Entendiendo el conflicto como parte del crecimiento, educadoras como Teresa buscan tener un impacto en su alumnado más allá de ser meras maestras. Siendo mentor y acompañante durante estos primeros años de desarrollo, labores como esta merecen su especial reconocimiento. Formando buenos alumnos y buenas personas, una convivencia más sana y positiva parece estar más cerca gracias al incesante esfuerzo de trabajadoras como Teresa. Mientras las nuevas generaciones estén en manos de personas como ella, el futuro es esperanzador para nuestra sociedad.

Referencias

https://bizikasi.euskadi.eus/es/inicio

https://bizikasi.euskadi.eus/es/acoso-escolar


Rafael Flores Toledo. Alumno del doble grado en Relaciones Internacionales y Derecho de la Universidad de Deusto. https://www.linkedin.com/in/rafael-flores-toledo-36509526b

Imagen: Bizikasi

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