Entrevista a Marcelle Mardon

“Podemos dejar de ver la multiculturalidad como una amenaza para empezar a entenderla como una oportunidad”.

Por Nahia Varela Molina.
Alumna del grado en Relaciones Internacionales.

Zimbabuense, arquitecta y defensora a ultranza de los derechos de la mujer, Marcelle nos ilustra sobre su propia concepción de la libertad y nos abre la puerta a reflexionar sobre este concepto.

Buenos días Marcelle, ¿dónde identificarías tu primer contacto con el concepto de la libertad?

En 2009 llegué a Euskadi procedente de Newcastle (Inglaterra), donde realicé mis estudios de arquitectura y trabajé durante 10 años. Tuve la maravillosa oportunidad de estudiar en Inglaterra, donde me he sentido libre de poder desarrollar mi carrera profesional lejos de los estereotipos y prejuicios asociados al contexto derivado del sistema de apartheid en Zimbabwe. Sin embargo, a lo largo de esos años me di cuenta de una paradoja que marcó mi vida y definió la manera en la que hoy día entiendo la libertad.

¿Podrías explicarnos esa paradoja?

Claro. La oportunidad de estudiar y crecer profesionalmente en Inglaterra, aunque afortunada, me privó también de otras libertades y oportunidades, como, por ejemplo, estar cerca de mi familia y contribuir profesionalmente al desarrollo de mi país. Tuve que salir del país para poder seguir mi camino como profesional, no tuve elección. Por eso digo que mi libertad es paradójica. Encontré la libertad una vez asumí que tenía que buscarla lejos de mi país.

¿De qué manera te sentiste libre viviendo en Inglaterra?

En el plano profesional sentí que se valoraba más mi destreza y capacidad como diseñadora que mi procedencia. Mi lucha se centró en reivindicar el papel de la mujer en una carrera profesional ampliamente dominada por hombres. Por eso, defendí la libertad y el derecho de las mujeres de ser profesionalmente ambiciosas y de tener derecho a poder conciliar un equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Sin embargo, hay ciertos aspectos de la privación de libertad que te persiguen dondequiera que vayas, la libertad de estar cerca de tu familia, por ejemplo. Todavía experimento esta barrera a mi libertad diariamente.

¿Y cómo fue tu llegada a Euskadi? ¿Te sentiste igualmente libre?

Bueno, Euskadi es una tierra maravillosa en la que soy muy feliz. No obstante, bien es cierto que Inglaterra es un país con una larga y diversa historia de inmigración. Por eso, hay mucha más interculturalidad y diversidad social. Eso no significa que no haya problemas, para nada; sin embargo, es más fácil ser valorado por aquello que puedes ofrecer – y aún más si se trata de algo diferente y novedoso –. Creo que es cuestión de tiempo que empecemos a ver más figuras que representan la interculturalidad en los

medios de comunicación, en las instituciones… Aún tenemos un gran camino por recorrer de cara a una mayor integración donde el estatus de inmigrante no nos condicione ni nos estigmatice.

Podemos usar este hecho como una oportunidad para informarnos y transmitir a los demás la importancia de abrir nuestras mentes y dar la bienvenida a todo aquello que puede aportarnos algo como sociedad. Podemos comprender que la diversidad es favorable y que todos merecen ser tratados por igual. La procedencia de alguien no debería afectar a su derecho y libertad de ser valorada.

¿Esta circunstancia te ha condicionado en tu desarrollo profesional?

Cuando vine a Euskadi la crisis económica había comenzado. Sin embargo, con la ayuda de mi pareja y su familia decidí desarrollar mi propio proyecto: un taller creativo para niños impartido en inglés, aprovechando lo que se valoraba este como idioma extranjero. Este proyecto me dio la libertad y la oportunidad de trabajar en algo que me gustaba y me ofreció un horario flexible que me permitió cuidar de mi familia y continuar con mi pasión por trabajar en la coordinación de otros proyectos que tenían África y las mujeres como eje.

Sin embargo, en otros espacios – en la calle o con personas que no conocía – me di cuenta de que era fácil ser estereotipada por mi apariencia y mi nacionalidad. Me di cuenta de que los demás tienen la libertad de expresar libremente su opinión sobre tu condición y por lo tanto impugnar la libertad de ser quien realmente soy. No es la identidad, la nacionalidad o la apariencia física lo delimita tu grado de libertad, sino las opiniones o las ideas preconcebidas que ciertas personas tienen sobre el valor de esa identidad.

¿Son conceptos opuestos Zimbabue y la libertad?

Es complicado. Hemos sobrevivido a un colonialismo que teóricamente pretendía ofrecernos la libertad. Esto no fue así, se nos subyugó. En 1980 logramos la independencia, pero comenzó una etapa fuertemente marcada por la opresión y la violación de los Derechos Humanos. Hemos llegado a ser el país con una de las mayores tasas de inflación del mundo. Esto nos ha hecho tener que dejar nuestro país en busca de un mejor futuro. Mi familia mismamente se encuentra repartida por diferentes países: Inglaterra, España, Australia… No podemos volver a Zimbabue. Se nos ha privado de la libertad de vivir en paz en nuestro país y estar cerca de nuestra familia.

¿Qué significa ser mujer en Zimbabue?

Las mujeres zimbabuenses son valientes y luchadoras. Son ellas las que se hacen cargo de la familia y del hogar. Normalmente suelen quedarse solas cuando el hombre se va de la zona rural a las grandes urbes en busca de trabajo. Las mujeres dan un paso al frente y concilian sus trabajos – y hablo en plural porque ahí es común que una mujer tenga más de un oficio para ganarse la vida – con el cuidado de la familia.

¿Cuál es tu contribución en su lucha?

Es un honor para mí luchar junto con las mujeres de mi país para que seamos más fuertes. No me gusta la expresión de empoderar a alguien. Yo no puedo empoderar a nadie, sólo puedo apoyarlas para que se empoderen a sí mismas. Creo que este es un proceso y un viaje personal.

Actualmente estoy trabajando con una organización en Zimbabwe llamada «Dialogue on Shelter». Se trata de urbanistas que prestan apoyo técnico a iniciativas dirigidas por mujeres para mejorar la infraestructura y alojamiento de toda la comunidad. Juntos tratamos de encontrar financiación para la investigación y la ejecución de los proyectos. Se trata de un proceso en el que las mujeres participan mediante el diálogo, el debate y la cooperación. Y es en ese proceso donde se hacen fuertes y se potencian.

¿Qué es la libertad para Marcelle?

Para mí, la libertad personal significa no tener expectativas. Si tengo expectativas todo el tiempo no me siento libre de apreciar lo que ya tengo. Digamos que este es mi tipo de mecanismo para liberarme de las presiones de florecer profesionalmente, las limitaciones de no estar con mi familia, los estereotipos que crean barreras y las opiniones de aquellos que todavía tienen que valorar la diversidad.

¿Cómo te gustaría que la situación evolucionase con el paso de los años?

Me gustaría fortalecer los lazos que tengo con mi país y apoyar a la gente que sigue luchando por los derechos de todos, entre otros la libertad de expresión. Me gustaría ver a la gente trabajando codo con codo para reconstruir nuestro país y que los que tienen más apoyen a los que no tienen nada. Me gustaría ver un cambio mediante el que un pequeño grupo de personas dejase de infligir el miedo que hace que algunos estén allí y otros estemos fuera, evitando así que podamos ser libres de estar juntos. Ese miedo nos paraliza. El miedo es una de las mayores barreras para la libertad allí.

Ahora mismo tengo la oportunidad de apoyar desde la distancia y ese es el mayor uso que hago de mi libertad.

Imagen portada: Dialogue on Shelter

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