Las fallas, refugio de comunidad

El origen de las Fallas de Valencia se remonta a una tradición de los carpinteros valencianos, ya que quemaban sus retales y soportes de madera frente a sus talleres para dar comienzo a la primavera. Hoy, las Fallas han evolucionado, convirtiéndose en una de las fiestas populares más conocidas en todo el mundo y caracterizadas por sus ninots coloridos, sus mascletás ruidosas y, por supuesto, por todas las comisiones de Fallas que llenan la ciudad. Además, la fiesta se inscribió en 2016 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y, tal y como reconoce la UNESCO, ha ayudado a reforzar la identidad cultural y la cohesión social de la Comunitat Valenciana, además de promover el valor de las artesanías y de los artistas tradicionales.

Martí Peris pertenece a una Falla desde pequeño y nos cuenta cómo han evolucionado y cómo se perciben desde dentro.

La distinción entre la cultura de la Comunitat Valenciana y de la ciudad de Valencia es fundamental. Las Fallas representan la esencia de la ciudad; no son solo un evento, sino la conclusión de una espera anual de 360 días. Funcionan como un espacio de socialización único donde conviven personas que, de no pertenecer a la misma Falla, nunca habrían coincidido. Su objetivo principal es generar un entorno seguro, popular y compartido que fomente la cultura propia de la ciudad.

La comisión a la que pertenece Martí, con 151 años de historia, se ubica en El Carme, origen de las trece Fallas más antiguas. Este barrio no se puede concebir sin su sentido fallero. Y es que, a pesar de los procesos de turistificación y el auge de los alquileres vacacionales, que han hecho que muchos de los residentes habituales se hayan tenido que desplazar, la Falla se mantiene como un refugio de la comunidad. El barrio se mantiene vivo gracias a personas que, aunque ya no residen allí, vuelven a su Falla para mantener sus raíces. Es el espacio donde, a diferencia de la ciudad cambiante, la esencia de sus habitantes permanece intacta.

Las Fallas también son un espacio para el uso y preservación de la lengua valenciana. Sin embargo, últimamente se está viviendo un riesgo de folclorización, donde el idioma se relega a actos oficiales y discursos, mientras pierde presencia en el día a día. Aunque las comunicaciones internas en cada Falla suelen ser bilingües para facilitar la comprensión de todos los integrantes, existe un consenso en la necesidad de proteger y mantener el valenciano como lengua principal de la fiesta, especialmente en la ciudad.

Asimismo, la fiesta se define por ser familiar y popular. Es cierto que la composición de cada Falla varía según el barrio, pero siempre se aspira a crear un espacio seguro para la diversidad. Es decir, aunque en ciertas comisiones del centro de Valencia la presencia de personas de otras culturas es menor, en barrios con mayor tasa de personas migradas la adaptación ha sido natural. Esto también se demuestra gracias al compromiso de los nuevos integrantes, ya que la antigüedad por herencia familiar ha perdido peso frente a la voluntad de participar de manera activa, independientemente del origen o de las razones por las que las personas pertenecen a cada Falla.

Se podría considerar que la pirotecnia y las mascletás son la mayor muestra de apertura, ya que se invita a profesionales de todo el mundo. Además, también es cierto que en muchas Fallas se incorporan celebraciones externas por influencia cultural global (como Halloween u Oktoberfest), aunque muchas veces cuentan con calendarios de actos oficiales tan ocupados que se limita la capacidad de añadir nuevas festividades o eventos que promuevan y visibilicen la diversidad cultural que está presente en las comisiones.

Las Fallas deben entenderse como una fiesta de origen popular en constante evolución. Si bien elementos posteriores, como la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados, han hegemonizado parte de la celebración, el futuro de las fiestas implica adaptación y transparencia. El objetivo es consolidar las Fallas como un modelo de acogida que no rechace el cambio, sino que lo integre para seguir siendo un lugar de unión y de reunión.

REFERENCIAS

https://ich.unesco.org/es/RL/la-fiesta-de-las-fallas-de-valencia-00859


Garazi Macho. Máster en Derechos Humanos, Paz y Desarrollo Sostenible por la Universitat de València. https://es.linkedin.com/in/garazi-macho-jiménez-73b77133b

Fotografía portada: Martí Peris

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